No todo vale

en la estimulación mental

La descripción más común de la estimulación mental o cognitiva es aquella en la que se plantea un problema al perro a modo de “puzzle” para que tenga que pensar en cómo resolver dicho problema y así conseguir cierta recompensa, como algún premio comestible o juguete. Sin embargo, la estimulación cognitiva es mucho más que eso, puede ir desde ofrecer a nuestro perro juegos interactivos, a simplemente variar la ruta del paseo.

En muchos medios de información se nos vende la idea de que los perros necesitan de mucha actividad tanto física como mental para sentirse plenos, descargar energía y no aburrirse, y más si convives con cierto tipo de raza en casa.

A mi parecer, se ha extendido tanto este modelo de convivencia que se nos ha olvidado la base fundamental ¿quién es nuestro perro?

Creer que todo tipo de juegos o de estimulación valen para todos los perros es un grandísimo error ya que, al generalizar, estamos olvidándonos de la individualidad de cada uno de ellos y, sin quererlo, podemos dañarlos. Antes de ofrecer un tipo de actividad a nuestro perro hemos de preguntarnos varias cosas como: ¿qué gustos tiene? ¿Qué necesidades requiere? ¿En qué estado madurativo se encuentra? ¿Cuál es su gestión emocional y cognitiva? Y cuando termina dicha actividad observar el cómo se encuentra: ¿le ha supuesto una exigencia demasiado alta? ¿Ha estado disfrutando del proceso? ¿Lo ha dejado a la mitad? ¿Está con un estado de activación mayor?

Ofrecer de manera diaria y continuada una alta estimulación física ya sea porque esté corriendo durante horas en el parque con otros perros, porque le estemos lanzando la pelota de manera continuada y sin parar o porque ofrezcamos paseos demasiado largos y a marchas forzadas, sube de manera significativa niveles de adrenalina y cortisol en el organismo de nuestro perro. Estas hormonas son aquellas que nos hacen mantenernos activos, las que preparan al cuerpo para huir o luchar. Si mantenemos en nuestro perro durante largos períodos de tiempo estos niveles anómalos de dichas hormonas en su organismo, lo que estamos fomentando es la creación de estrés crónico, el cual suele traducirse en muchos “problemas de comportamiento”. 

Por otro lado, si la estimulación que ofrecemos a nuestro perro es más mental o cognitiva, y no está siendo la adecuada para nuestro perro en concreto también sucede algo muy similar a lo anterior. Cuando presentamos un problema al perro, como la resolución de un puzzle, por ejemplo, toda la fisiología del estrés se pone en marcha para poder resolverlo. Esto de base no es malo. En perros cuyos niveles de estrés son adecuados es beneficioso que de vez en cuando ofrezcamos este tipo de actividades. Sin embargo, en perros cuyos niveles son altos, es contraproducente que de manera más o menos diaria estén teniendo que resolver puzzles o gincanas. 

Nos venden la idea de que estas actividades relajan cuando esto no es cierto. La relajación y la autorrealización viene cuando el perro a nivel orgánico está bien y cuando la dificultad es acorde a las capacidades actuales del perro per se. Si nosotros ofrecemos un problema con cierto nivel de dificultad y no nos damos cuenta de que nuestro perro aún no está capacitado para dicho nivel, lo que podemos estar provocando en él es frustración, nervios, estrés e incluso bajada de autoestima si no es capaz de resolverlo. Esto también ocurre cuando ofrecemos masticación deshidratada. Solemos buscar el mordedor más duro, el que más dure en el tiempo para que el perro esté mucho rato royéndolo. Esta forma de dar masticación es inadecuada ya que no estamos valorando ni las capacidades del perro para triturar dicha pieza, ni su capacidad de gestión. 

¿Cómo se puede sentir un perro que no es capaz de finalizar algo tan sencillo como el comer? 

En el mercado existen muchos juguetes de este estilo que dificultan al perro el acceso a la comida como los Kongs rellenables, las Lickimat o los comederos antivoracidad, y para muchos de ellos este tipo de herramientas son un verdadero problema que más que relajarles, les causa estrés y frustración. Recordemos que este tipo de actividades activan al organismo del animal ¿qué pasaría si se lo ofrecemos a nuestro perro cuando su cuerpo no está aún preparado para ello? Además, cabe mencionar que los perros no comen despacio. Su especie no es como la nuestra y ellos engullen la comida. Entonces ¿qué ocurre cuando les impedimos que coman de la manera como su especie lo requiere? 

Muchas de las pistas que nos pueden estar indicando que la actividad ofrecida no es la adecuada pueden ser:

  • excesivos jadeos
  • lloros y gemidos
  • que porte la pieza de masticación en la boca sin saber qué hacer con ella o que intente esconderla
  • que lance el juguete interactivo por los aires visiblemente excitado
  • que deje la actividad a la mitad, que abandone
  • que después de finalizar la sesión aparezcan picos de actividad intensa, como zoomies o saltos
  • pupilas dilatadas y cara tensa
  • que nos salte encima o incluso nos de pequeños mordisquitos
  • rascados excesivos
  • etc

Para algunos perros el tener que destrozar un simple papelito para acceder al premio que hay en su interior les puede generar muchos más problemas que beneficios. Por ello, cuando alguien te venda que toda actividad mental o de cognición siempre va a ser bueno y necesario para todos los perros de manera generalista, pon una bandera roja y párate a pensar ¿cómo está viviendo mi perro esta actividad? ¿Lo está disfrutando o le está subiendo la ansiedad? ¿Le gusta realizar dicha actividad? ¿En qué edad se encuentra mi perro? ¿Le estoy exigiendo más de lo que es capaz de darme ahora mismo? ¿En verdad esto está siendo divertido o puedo prescindir de ello? 

“Al igual que no todo vale para todas las personas y eso lo entendemos muy bien, no todo vale para todos los perros”

 

Escrito por: Rocío Martín del Campo, educadora canina de ENSUSHUELLAS. La encuentras en IG como @lachicadethai

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