maltrato

a veces sutil, otras evidente

Cuando hablamos de maltrato la mayor parte de las veces pensamos en aquel acto donde se ejerce físicamente la violencia por parte de un individuo hacia otro. Si el sujeto de dicho maltrato es un perro, consideramos que para que se de tal concepto tiene que haber castigos físicos tales como patadas, golpes o puñetazos. Sin embargo, ¿puede existir maltrato sin ejercer la fuerza física? ¿Se podría considerar maltrato cuando es el cuerpo emocional el que se ve afectado y no el físico? Según la RAE la palabra “maltrato” se describe como:

''Tratar con dureza, crueldad y desconsideración a una persona o animal o no darle los cuidados que necesita o también tratar algo de forma brusca y descuidada. ''

Los programas de la televisión que tratan sobre “educación canina” nos hacen ver una realidad que no es. Enfocan el mundo del perro desde una perspectiva conductista que no tiene nada que ver con el conocimiento actualizado de la especie de la que trata el programa. En estos espacios no se consideran en ningún momento la emocionalidad del animal, ni sus niveles de estrés, ni su salud, ni sus experiencias. Tan sólo centran el foco en el problema y usan métodos aversivos infligiendo miedo al individuo para que deje de hacer la conducta. Si el animal se resiste un poco las prácticas usadas son más cruentas, hasta que al final termina por entrar en indefensión. 

La indefensión aprendida es un conjunto de emociones, sentimientos, síntomas fisiológicos y comportamientos caracterizados por el desánimo, el abandono, la pasividad y la inacción ante escenarios negativos o poco gratos, de los que cualquier individuo desearía escapar. Los que caen en este estado interpretan que su conducta no tiene efecto alguno sobre el entorno y ‘aprenden’ a no hacer nada, aunque lo estén pasando muy mal. 

¿Ves por qué parece que hacen “magia” los educadores de dichos programas televisivos?  El perro se rinde y “tira la toalla” ya que no ve salida o resolución posible para tal situación, pierde toda iniciativa y siente que no es capaz de salir de ese problema. ¿No es esto un maltrato activo socialmente correcto? Cada capítulo termina con que el problema por fin ha desaparecido, que la familia del perro ya puede respirar en paz. Sin embargo lo que no enseñan son las consecuencias en los meses posteriores a causa de todo lo que se ha ido acumulando en el animal. En muchas de nuestras casas (o cuando vamos por la calle y vemos a perros pasear con sus referentes) podemos ver que este trato es algo demasiado común, que realmente creemos que es así como hay que relacionarse con los perros y es un error. Así lo único que hacemos es hacerles daño.

Otra manera común de tratar a los perros es mediante el refuerzo de conductas deseadas con el uso de premios. En este caso el empleo de castigos físicos se minimizan o incluso son inexistentes. Sin embargo el modus operandi es muy similar, el perro hace un conducta que a la persona no le agrada y se intenta que dicho comportamiento desaparezca pero esta vez con intercambio de comida. Si el perro hace lo que yo deseo le premio, sino, lo ignoro o le regaño. Puede parecer que ambos métodos son muy distintos, sin embargo, la base es la misma, el conductismo. En ninguna de las dos opciones se tiene en cuenta la emocionalidad del animal, ni sus necesidades o preferencias individuales.

El maltrato puede ser o muy evidente o muy sutil, tan leve y suave que ni nos damos cuenta.

Cuando a un individuo se le anula como sujeto, no se tienen en cuenta sus necesidades propias (tanto de especie como particulares), es ignorado dentro de su grupo familiar, no se respetan sus opiniones, se le inhiben sus conductas naturales, no es escuchado ni entendido y se pasa por alto su entidad, ¿podríamos hablar de que nuestro trato es “positivo” simplemente por el hecho de darle chuches? Mientras sigamos poniendo el foco en querer cambiar al perro por encima de sus necesidades será maltrato, independientemente del color que tenga. 

Sí, es mucho más sencillo actuar como cualquiera de los dos ejemplos anteriores, ya que en ambas no se requiere que la persona estudie ni se informe de manera concienciada, simplemente se le pide que actúe sin pensar en nada más. Por esta razón son tan populares, porque no requiere de esfuerzo por nuestra parte. Aprender y vivir la relación con nuestro perro a través del entendimiento, respeto y empatía es lo difícil. Requiere trabajo, paciencia y tiempo. ¿Pero acaso no es lo mínimo que merecen nuestros perros?

Escrito por: Rocío Martín del Campo, educadora canina de ENSUSHUELLAS. La encuentras en IG como @lachicadethai

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