Los límites

en la convivencia

Los límites son importantes porque vivimos en una sociedad y estos nos ayudan a tener una buena convivencia y nos permiten proteger y cuidar a nuestros perros y con ello nuestra relación. En muchas ocasiones implantar ciertos límites se convierte en algo vital, como cuando hablamos de situaciones peligrosas o delicadas de las que nuestros perros desconocen los riesgos. Por lo que existen algunos límites que son innegociables por temas de seguridad, salud y respeto (ir atado en ciudad, no acercarse a cualquier persona o perro, no entrar en determinados sitios…)

Todos sabemos que una vida sin ningún tipo de límite no es viable pero disentimos en la forma en la que los establecemos, y por eso hoy nosotras queremos hablar de ello. Porque la clave está en el cómo.

Para explicarnos mejor pongamos como ejemplo el ir atado por ciudad. Ir atado es un límite que establecemos por seguridad y respeto, pero cuando intimidas, fuerzas o castigas a tu perro por no cumplirlo como tú necesitas (cuando tira mucho de la correa, quiere echar a correr…) no lo estás estableciendo de manera segura y respetuosa, sino que sometes a tu perro a obedecerte sin tener en cuenta sus emociones y necesidades. ¿Tira por miedo, por excitación, por frustración? ¿Qué necesidad hay sin cubrir detrás de esa emoción?

Si por ejemplo el límite es no coger o pedir comida de la mesa y lo estableces mediante gritos, empujones o autoritarismos varios, volvemos a lo mismo: estás ignorando emociones y necesidades. ¿Por qué lo está haciendo? ¿Está más nervioso hoy? ¿En qué etapa de su desarrollo está? ¿Ha comido ya? ¿Qué tipo de alimentación le das, qué cantidad y cada cuánto tiempo? ¿Le das algunas veces de la mesa de manera aleatoria y otras veces le regañas?

Si el límite es no subirse al sofá, para el perro carece de sentido que le griten o riñan por intentar estar cómodo o acercarse a su familia. Para él es incoherente y frustrante, especialmente si no sabe a qué atenerse porque a veces le dejamos dormir tranquilo al lado nuestro pero otras nos falta bajarle del sofá de una patada. Por favor, coherencia, respeto y empatía. Está bien que alguien no quiera que su perro suba al sofá, pero hay que tener cuidado en cómo establecemos ese límite.

Porque detrás de cada una de sus conductas hay emociones y también necesidades sin cubrir, por lo que los límites que establezcamos han de estar siempre integrados en el respeto.
Subirse al sofá, por ejemplo, no es una conducta que haya que ''corregir'' si no queremos que la haga, tan sólo es un límite que debemos decidir si queremos establecer o no.

No es necesario amedrentar a nuestro perro para que acepte dichos límites en la convivencia, lo único que necesitamos es hacerlo comprendiendo sus necesidades, desde la conexión con ellos y la coherencia. Porque si lo hacemos desde la imposición multiplicaremos por mucho sus niveles de estrés, y con toda probabilidad, esto nos llevará a futuros problemas de comportamiento, que no dejan de ser la manera en la que el perro expresa su malestar.

En el mejor de los casos para la parte humana es posible que el perro no se queje (¿te suena la típica frase ‘’a mi perro se le trató así toda la vida y estuvo bien’’?), pero eso no significa que esté bien. Demasiados perros que parecen conformes y sin problemas están en realidad metidos de lleno en una indefensión aprendida de manual.

Seamos cuidadosos con el trato que les damos y con la forma en la que establecemos unos sanos límites.

No podemos gritarle a nuestro perro o darle un tirón para que no coma la comida que encuentra por la calle, sino que debemos entender que hacerlo es un comportamiento etológicamente adecuado a su especie y que si por salud o peligrosidad no queremos que lo haga, podemos impedir que acceda a ella e informarle de manera calmada de que no puede comerla. En el caso de que ya la haya cogido aquí no hay límite que poner, nos descuidamos y la alcanzó, lo único que podemos hacer es gestionar la situación de la mejor manera posible. En este artículo del basureo hablamos de ello.

Si no queremos que nos quite la comida de la mesa volvemos a lo mismo, es comida. Y es normal, natural y esperable que quiera cogerla, por lo que en vez de gritarle o castigarle (aumentando así niveles de estrés), podemos tan sólo impedir que acceda a ella tapándola con nuestra mano o nuestro brazo. Los perros son terriblemente funcionales, si no lo consigue, dejará de hacerlo.

Si por ejemplo no queremos que se suba al sofá, no le dejaremos subir nunca y cuando lo haga (porque lo intentará), tan solo le pediremos que se baje. La clave es ser constante y que los límites sean lo más estables posible. No sirve de nada que hoy no quieras que se suba al sofá pero mañana si, que hoy no le des nada de la mesa pero la semana que viene si. 

Pedir de la mesa no es un mal comportamiento. Es una conducta etológicamente adecuada para la especie.

Cada familia puede establecer los límites que considere necesarios, pero antes de hacerlo hay que ser conscientes de cuáles van a ser, si son justos para el perro (no deberíamos intentar impedir conductas naturales y necesarias para ellos como lamer pipis, rebozarse en algo haciendo la croqueta, portar en la boca algo que encuentra…) y si podemos llevarlos siempre a cabo. 

Si tu límite es que no moleste mientras come pero hay días que le das y días que no, enfadarte con él porque pida y volcarle encima toda tu frustración mediante un grito o un castigo es tremendamente injusto para él y dañino para vuestra relación.

 

Por lo tanto podemos concluir que para establecer límites de una manera respetuosa, antes  deberían valorarse los siguientes puntos:

  1. Ser justos y no impedir con ellos conductas naturales y necesarias que no entrañen peligro  alguno.
  2. Comprender en profundidad la etapa de vida en la que se encuentra nuestro perro y con ello, sus capacidades e incapacidades. Es decir, entender qué podemos pedirle y qué no. Entender sus capacidades e incapacidades es clave para establecer unos límites coherentes.
  3. Ser estables en el tiempo.
  4. Ser empáticos y respetuosos.

Y cumpliendo los cuatro puntos, podemos poner los límites que mejor se adapten a nuestra familia, a nuestra casa o a nuestro estilo de vida. Ninguno de ellos estará necesariamente mal porque los pusimos pensando en el bienestar de todas las partes, no sólo de la nuestra, y esa será siempre la clave para conseguir una verdadera convivencia respetuosa con nuestros perros.

Escrito por: Lorena Murgui Mercado, educadora canina de ENSUSHUELLAS. La encuentras en IG como @mellamankenikeni

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