la píldora mágica

Hemos crecido en una sociedad en donde se nos ha enseñado que el principio de todos nuestros problemas, y el cómo solucionarlos, viene del exterior. Aprendimos a mirar hacia afuera buscando la solución a aquello que nos aqueja. Constantemente somos bombardeados por publicidad que nos promete que si tomamos, usamos o llevamos aquello que nos presentan, nuestra vida mejorará considerablemente. Y esto, no es más que la base del funcionamiento del marketing, el hacerte sentir que tienes carencia de algo para que te den ganas de comprarlo con la promesa ilusoria de que con ello te sentirás mucho mejor. Si trasladamos esta manera de ver el mundo al área de los perros podremos ver que es muy similar.

Cuando tenemos algún problema en la convivencia con nuestro perro buscamos esa píldora mágica, aquella que si la usas el problema desaparece de manera fácil, rápida y sencilla.

Queremos tener la solución ya y, dicho sea de paso, mejor que no nos haga perder demasiado el tiempo. Existen en el mercado muchas herramientas de este tipo, esas que cuando las usas dan con el botón de “arreglado”: arneses antitirones, kongs, collares de adiestramiento, thundershirt, sprays antiorina, alfombras olfativas, adaptil, clickers, collares antiladridos, comederos antivoracidad, lickimat… 

El uso de este tipo de materiales puede, en algunos casos, ofrecerte aquello que andas buscando pero ¿a qué precio realmente? Cuando sólo nos fijamos en la conducta externa que realiza nuestro perro (aquella que a nosotros nos genera un conflicto) no estamos entendiendo al animal en cuestión. 

Todo comportamiento tiene un por qué y, si lo ignoramos, sólo nos estaremos quedando en la superficie sin llegar a comprender realmente la emocionalidad que hay detrás.

Ponerle un arnés antitirones a mi perro porque tira mucho de la correa, usar un comedero antiglotones porque come muy deprisa, ponerle un collar de pinchos o de ahorque porque ladra a otros perros, usar un bozal de nylon porque come comida del suelo, rociar con spray antimordidas las esquinas de la mesa porque las mordisquea… la mayoría son sólo parches que a largo plazo empeoran el estado anímico de nuestros perros aumentando sus niveles de estrés y, por ende, sus “problemas de conducta”. 

Por un momento, olvidémonos de las píldoras mágicas que nos prometen milagros a corto plazo y centrémonos en el POR QUÉ. ¿Por qué hace esto mi perro? ¿Qué es lo que le motiva a hacerlo? ¿Cómo se está sintiendo? ¿Qué está tratando de comunicar? ¿Está en una edad madurativa adecuada? ¿Tiene las herramientas de gestión suficientes para enfrentarse a esto? ¿Tiene algún tipo de malestar? ¿Sus necesidades están cubiertas? Empezar a hacernos este tipo de preguntas nos abre un abanico de posibilidades y empezamos a dar los primeros pasos en el entendimiento y comprensión de nuestro perro que es lo que de verdad dará lugar a una sana relación y convivencia. 

Buscar la raíz de la emoción que le hace tener ciertas conductas no es fácil, requiere de esfuerzo, aprendizaje y paciencia por nuestra parte. La elección es nuestra.

Escrito por: Rocío Martín del Campo, educadora canina de ENSUSHUELLAS. La encuentras en IG como @lachicadethai

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